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¿QUÉ PASO CON LAS PARTERAS?
14/5/2008
Sin tristezas y con buen humor, han dejado su lugar a los hombres de blanco | su sabiduría popular entra a veces en conflicto con la ciencia, pero las mujeres aún las buscan. Algunas parecen tocadas por un don que les permite no sólo atender parturientas, sino curar el pasmo y la tristeza. En otros países la profesión prospera

Aunque la historia más sorprendente se contará al final de estas líneas, la experiencia que tuvo Mercedes Áñez (foto principal) como partera es conmovedora. Durante muchos años vivió en la zona de San Julián, no en la llamada colonia, sino en las inmediaciones de Cotoca, donde ahora reside. Su conocimiento era requerido en localidades como Espino y Lorenzo. Hasta esos lugares se desplazaba por los caminos arenosos para aliviar los pujos de alguna parturienta.

¿Cómo aprendió? "Así nomás", dice con sencillez. Observó a sus mayores, y cuando en 1974 llegaron enfermeros y médicos estadounidenses para impartir un cursillo, ella ya tenía experiencia. Abre los dedos para indicar el momento en que la dilatación alcanza el "diez", aunque no explica si se trata de diez centímetros: "Los dolores aumentan y llegan cada cinco minutos. Se apreta un poco la barriga y se recibe al bebé".

Contado así, el trabajo de parto parece sencillo. Después -continúa Mercedes- sólo queda cortar el cordón con una tijera previamente empapada en alcohol y amarrar el cordón con un hilo también empapado. Luego, la infaltable agua tibia para bañar al recién nacido, y los consabidos consejos que hasta hoy siguen primerizas y experimentadas: tomar tujuré, yerba mate y chicha para "criar leche". Claro, tomar algún producto lácteo también es bueno.

Ahora viene lo interesante. "Los hombres nacen generalmente de barriga y las mujeres de espalda". Todas las parteras entrevistadas saben, mediante el tacto, la posición en la que está el feto. Mercedes Áñez ha llegado a desafiar a las embarazadas a que le muestren, con ecografías, que el feto no está en la posición que ella indica.

Lo mismo dice Aniana Moreno y añade algo más: las mujeres se alojan al lado izquierdo de la barriga y los hombres al lado derecho. "El varón que está en posición de mujer, es delicado. La niña que está al lado derecho, es medio "amachada", dinámica, valiente. Lo he visto hasta en mis hijas", cuenta.

Tuvo ocho mujeres y un varón. Eso sí, su barriga siempre fue "vergonzosa". Su esposo nunca estuvo presente en sus partos. “Le tenía vergüenza”, comenta.

En cuanto a la manipulación del feto, las opiniones entre parteras y médicos son totalmente distintas. Raúl Hevia, director de la maternidad Percy Boland, es tajante al decir que mover un feto es peligroso. "Es una idea mala que había antes. No se preveía el peligro que corría la madre. Se podría romper el útero o un gran vaso sanguíneo y ocasionar la muerte de la paciente. Cuando hay un feto en situación transversa y oblicua, está indicada la cirugía. No nos arriesgamos. Sobar es peligrosísimo, siempre lo fue. Lo que se trata de hacer es rotarlo y ponerlo en posición cefálica. Se pueden desgarrar los ligamentos", explica el director.

Una técnica que explicó el médico Mario Pommier a principios de la década del 90 consiste en introducir la mano y rotar al niño dentro del útero. Obviamente, la mujer tiene que estar en trabajo de parto. "Hay ciertas condiciones. Por ejemplo, la mujer debe haber tenido más de cinco hijos. Es raro, pero ocurre en personas que llegan de las provincias. Introduzco mi mano, roto al niño y lo saco por los piecitos. Se llama extracción podálica. Hace cinco meses ocurrió uno de estos casos", cuenta Raúl Hevia.

La única matrona que está de acuerdo con Hevia respecto de las "sobadas" es Bertha Castro. "Con uno de esos movimientos se puede romper la matriz. Lo que pasa es que cuando la embarazada no está a término, el feto está como flotando. Lo que hacían es que la cabeza quede en posición. A veces se acomoda y otras no", afirma.

Por supuesto, Mercedes Áñez, Aniana Moreno, Basilia Ortiz y Paulina Áñez no ven peligro alguno. "Con algún aceitito se soba. Muchas que he sobado se fueron al hospital a tener sus hijos sin problema. El médico dice que no sirve, pero la verdad es que sirve de mucho", dice Aniana. En Paurito, su tierra natal, siempre la esperan ansiosamente porque además sabe curar varios males.

Por supuesto, hay casos en los que una cesárea es inevitable. Paulina Áñez recuerda que su extinta tía Polonia, que le enseñó casi todo lo que sabe, revisó a una mujer. Según oyó, la criatura tenía la cabeza y las piernas en una posición que impediría el nacimiento. "No va a nacer", dijo Apolonia. Lo mismo le dijeron otras dos. "Está hecho un bollo. No va a nacer". En el campo, sin posibilidades de salir rápidamente a un centro médico para la operación, la parturienta falleció. La madre de la mujer no pudo dormir desde entonces, porque soñaba con su hija. El sacerdote de Cotoca les aconsejó exhumar el cuerpo y enterrar al niño al lado de la madre. "Así lo hicieron y vieron al chico bien doblado. Desde ese día, la madre de la parturienta durmió tranquila".

En lo que concuerdan parteras y médicos es en la necesidad de reducir las cesáreas. Investigadores de todo el mundo concuerdan en que estas operaciones, que fueron una "moda" desde la década de los 70, podrían reducirse en más de un 25%. Las mujeres olvidan que se trata de una cirugía mayor.

LA VIDA DE MANO EN MANO

La mayoría de las entrevistadas aprendió mirando. En otras palabras, todas son mujeres curiosas. Y tienen esa inteligencia amable que da la experiencia. Un día, la tía Polonia llamó a Paulina. "Haceme el favor de acompañarme", le pidió. Fueron a ver a una mujer que estaba a punto de dar a luz.

La joven Paulina vio que la matrona calentó agua y le dio a la embarazada un baño de asiento. Luego, preparó una taza de cogollo de piñón, caré (o paico) y manzanilla. Era mediodía. "¿Y cuándo va a nacer?", preguntó ansiosa Paulina. "A las ocho o a las nueve


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