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MI PARTO EN PODÁLICA
18/12/2014



Después de un embarazo lleno de miedos acabado en cesárea, tres abortos y otro embarazo de reposo absoluto, llegaste tú, después de mucho buscarte.
Esta vez estaba convencida que todo iría con normalidad. Sólo enterarnos empezamos con la medicación, todo parecía ir rodado, yo me propuse disfrutar, vivirlo, sentirlo; pues el embarazo es una etapa única, corta, mágica, silenciosa, profunda... Donde yo iba, tú venías, nunca estaba sola. Desde tus pequeños movimientos, hasta tus cambios de pose, en todo momento sabía tu posición!
En las ecografías todo eran buenas noticias,  además el medico ecógrafo era una gran persona, siempre salía llorando de su consulta, me transmitía tanta seguridad de que tú estabas bien que salía flotando...
Un día, que yo estaba ya de unas 27 semanas de embarazo, en la ecografía, veo que el médico pone el aparatito cerca de mis costillas y fijándome en la pantalla veía tu cara. Mis sospechas se confirmaron, estabas sentadito. Pero era pronto "tranquila, tiene mucho tiempo para girarse" escuchaba semana, tras semana...
Algo dentro de mí estaba convencida que te girarías, pues sólo un 3% no lo hace, ya he sido varias veces ése mínimo por ciento, esta vez me tenía que salvar!
Pero llegó la semana 34 y tú seguías bien sentadito...
Empecé a informarme más profundamente sobre lo que estaba pasando.
A las 36 semanas yo ya estaba harta de fregarme el suelo a cuatro patas, ponerme en posiciones extrañas que dicen que ayudan a que el bebé gire, hice moxibustión, acupuntura (más bien me quedé en el intento, no valgo para eso), pedí una VCE (versión cefálica externa) pero por pincharme heparina, placenta anterior y una cesárea, no quisieron practicármelo.
Yo, aunque parezca caprichosa, tenía visualizado mi parto natural y la sombra de la cesárea nublaba ése primer plano. "No quiero una cesárea" le dije a mi ginecólogo. "todavía se puede girar... Y sino aquí se han atendido partos de nalgas, no está todo perdido".
PARTO DE NALGAS, tecleaba yo en google en cuanto tuve un momento.
Videos, experiencias, foros, estadísticas... Me empape de todo ello, hasta llegar de nuevo a la consulta y ya dijimos rotundamente papá y yo "no queremos cesárea". Así lo hicimos saber también, al mismo ginecólogo que me hizo mi cesárea hace 9 años, que esta vez no llevaba mi embarazo, pidiéndole ayuda, apoyo... "Si vienes una mañana toda dilatada, este niño nacerá por abajo" nos dijo un día que fuimos a sala de partos a buscar soluciones.
Mi ginecólogo era reacio a ese tipo parto, pero tampoco me lo negaba.
Al ver que nuestro deseo de un parto vaginal era totalmente invariable, aceptó a hacer una valoración fetal para saber si era posible el parto. Llevaba una semana sin tapón, un cm. dilatada y el cuello del útero un poco acortado. "Poco más aguantaras y si vienes de parto cualquier día te puede tocar un médico que directamente te haga una cesárea, así que lo mejor será inducirlo y así podremos intentar un parto vaginal, pero te advierto que puede acabar en cesárea a la mínima complicación”. El parto inducido no me hacía ni pizca de gracia, pero por lo que veía, no me quedaba otra. Es de agradecer que al menos fuimos escuchados y el ginecólogo puso todo el empeño para conseguir nuestro deseo, pero a la vez, pensaba en lo triste que es, el pensar que no tenía el derecho a dejar que todo fluyera, darle el derecho a mi bebé a venir al mundo cuando él quisiera... Pero como digo, no tenía otra, o cesárea o parto inducido. "De acuerdo, gracias por escucharnos, para nosotros es muy importante”. El ginecólogo habló con dos más de alto riesgo (entre ellos el de mi cesárea) para que se comprometieran a estar en el parto. Fijamos una fecha para "estudio parto de nalgas". Esa fecha llegó, me hicieron un tacto, te miraron, pero no parecía que había avance en que mi cuerpo quisiera ponerse de parto, la cosa se había parado un poco, eso si "feto de nalgas puras, diámetro craneal aceptable, peso dentro del rango aceptable, cabecita mirando hacia abajo" así podía nacer. Pero decidieron darnos unos días más para ver si mi cuerpo estaba más preparadito para hacer más fácil la inducción.
A todo esto he de decir que como me pinchaba heparina, si no pasaban 12 horas mínimo después de haberme pinchado y requería una cesárea, la anestesia sería general. Esa idea me aterraba, si no quedara otra pues lo asumes, pero esto era pura suerte. Así que cada vez que me pinchaba contaba las horas como aniversarios y las contracciones me aterraban en ese transcurso.


La cuestión es que llegó el día 4. Tenía hora de ingreso a las 22. Llevaba todo el día con tu hermano llevándolo y trayéndolo del pediatra, tenía una bronquitis bastante fuerte. Esto no me dejaba pensar en lo que se me avecinaba. Sólo me preocupaba que él no empeorara más.
Pero mis temores se confirmaron y a las 20'30 me veía haciendo maletas como si hubieran anunciado que en pocos minutos un tornado iba a destruir nuestra casa.
Siempre hemos estado unidos, tus hermanos nunca se habían separado de mí para dormir y esta vez los iba a tener desperdigados. Roy ingresado dos plantas más abajo desde donde yo iba a parir al cuidado de la yaya, Sarah con la tía Pili en el pueblo de al lado. Menos mal que ambos estaban en las mejores manos que podían estar. Pero aún y así, sentí mi vida totalmente desordenada y se me vino a la cabeza posponer el parto. "Y si todas estas trabas son para que no siga con mi parto, que sean una señal para que evite una situación peligrosa?"

MI PARTO

Mi hora de ingreso era a las 22, pero no pudimos ir más rápido y a las 22'43 ingresaba. Sólo llegar, a los pocos minutos, ya tenía toda mi ropa puesta en una bolsa verde, yo desnuda con la típica bata de hospital que si te descuidas vas enseñando todo el culete. Me pusieron el monitor de contracciones y a esperar con papá. Allí estirada, a mi lado una camilla más vacía. Me temblaba todo el cuerpo, de frío, de nervios... Estábamos solos. "Ya no hay marcha atrás, ahora a ver si me centro con mis niños por ahí, así cómo voy a parir... Esto es una locura, estaré jugándomelo todo y yo sin saberlo? Bueno al menos espero que sigamos solos en esta habitación para poder dejarme llevar tranquilamente..."
Me llamaron para ir a la habitación que había cerca de la mía para comprobar que el parto seguía siendo viable.
Entonces, aparezco yo por el pasillo con aquella bata y mis zapatos de tacón. Se me quedaron mirando,  ya sé que los tacones estaban fuera de lugar y les expliqué que con todo lo que había pasado se me olvidó coger otro tipo de calzado. Entonces fue cuando empezaron a preguntarme si estaba segura de lo que iba a hacer. Ya no solo por el tipo de parto, también porque tenía a tu hermano ingresado. "Te daremos un tiempo por si lo quieres posponer”. No me lo podía permitir, todos habían cogido fiesta, estaba todo revuelto para que yo pudiera parir y con todo lo que nos había costado llegar hasta este punto, no tenía sentido echarme atrás, ya estaba todo hecho.
Me lo preguntaron una y otra vez hasta que finalmente me pusieron la vía (con lo bonito que sería parir sin ninguna vía, en fin). Me la pusieron a la segunda, porque en el primer intento fui conejillo de indias de una aprendiz, y no es que tenga algo en contra de ellos, yo también he sido aprendiz, pero ese no era el momento. Todo mi cuerpo era un flan. Me invadió un pensamiento negativo en mi mente que se repetía una y otra vez "y si mis hijos están al cuidado de otros en apuros porque me voy a morir?" qué horror, no podía visualizar a mis pollitos sin su mami.
La aprendiz se retiró sin ponerme la vía y quedamos en que luego lo intentaría "que alguien me salve por favor". Y mi salvadora llegó. Una chica dulce, amable, atenta... Me dijo que la posición de la vía también era importante para yo sentirme cómoda al parir, ella me dio seguridad.
Mi marido no paraba de ir y venir, el pobre sólo le quedaba partirse en dos, bajando a ver a tu hermano.
Las horas pasaban y no pasaba nada. Nos dijeron que no se atrevían a ponerme el propress (esto hacia borrar el cuello del útero, el primer paso para luego empezar con la dilatación) por si me ponía de parto y aún no habían llegado los ginecólogos. Así que hasta las 4'30 aproximadamente no me pusieron esa tira que no veas lo que raspa, "bueno así lo otro ya no me dolerá tanto, ya lo tendré resentido”. Mi ginecólogo llegó,  yo no quería oxitocina y él no me dio opción "es posible que poco a poco el parto desencadenara solo, pero yo estaré como mucho hasta la tarde y si quieres intentar el parto vaginal es mejor agilizarlo. Qué triste me pareció, todo tan desnaturalizado, en fin, paciencia. Venga, que me pongan la oxitocina, a por todas... "Al menos podré evitar la epidural?" pues no, porque si hay que actuar rápido, necesitan tenerme medio dormida para ir más rápido. Ahí me vi la cesárea muy cerca, con la epidural no sentiría esas ganas de empujar y todo sería más difícil. Empecé a perder la seguridad, vi que todo estaba encaminado a fracasar.
Enseguida vino una matrona, Sara, aquella que me puso bien la vía. Me trajo una manta, me encendieron una estufa (estaba muerta de frío) y me dijo "ahora te voy a poner la oxitocina y te voy a traer una pelota que ya verás qué bien te va. Mi seguridad volvía a rellenarse, ella parecía estar convencida que iba a parir como yo quería. Me puse sobre la pelota, con la oxitocina enchufada, me la iban doblando (la dosis) a cada ratito, empecemos con 6ml. Pues las contracciones enseguida empezaron a ser mucho más evidentes y en poco tiempo se intensificaron tanto que empezaba a haber muy buena dinámica. Me la empezaron a poner sobre las 8'30 horas. Yo haciendo movimientos pélvicos con la pelota, el papa me miraba, yo le miraba... Solo necesitaba eso, él sí sabía que yo podía y lo necesitaba.
Los ginecólogos se pasaban de vez en cuando a mirar el registro de las contracciones. Me iban doblando la dosis, 12-24-48-... Cada vez la cosa pintaba mejor y eso aún me daba más fuerzas. El papa iba y venía para ver a tu hermano. Yo estaba muy preocupada, me costaba centrarme, pensar que Roy estaba malito sin yo poder cuidarle me dolía. En una de las veces que me encontraba sola, bueno tenía a una compi de habitación al lado que confieso, era una pesadaaa..., vino el que me hacia las ecografías "tranquila, lo vas a conseguir" me dio dos besos, un abrazo y me dijo que estaría ese día por sala de partos. Cuando se fue, las contracciones seguían, pero no dolían, sólo molestaban un poco. Cerré los ojos y en voz baja te hablé "Eros... Nosotros podemos, lo tenemos que conseguir, lo vamos a conseguir..." mientras se me llenaban los ojos de lágrimas. Si tus hermanos esa noche hubieran dormido en su camita,  mi mente hubiera estado mas despejada y no hubiera sentido tanto miedo.
Pero las cosas van como van, me tenía que adaptar, me tenía que centrar en mi parto para que todo saliera bien. Así que cerré mi pensamiento y escuché mi cuerpo. Cada señal que me daba yo lo acompañaba, mis movimientos, mi voz, mi mente, toda yo me entregué a ese momento.
Hacia rato que notaba tus piececitos pataleando muy abajo. Y sentí que ya no estabas de nalgas puras. Sino de pies...  Lo solías hacer, cambiabas constantemente la posición de tus piernas, así que no dije nada y confié en que tú te colocarías de la mejor manera para ti. El papa me tranquilizaba... y se volvió a ir a ver a tu hermanito y que la yaya descansara.
La compi de al lado era de lo más pesimista y prepotente que había conocido. "uy si te van a inducir el parto, prepárate porque te vas a tirar un montón de horas..." a lo que yo le respondí  que eso dependía mucho de la actitud que le pongas, que había que ser positiva.
Me centré en mi pelota, mis contracciones, iba mirando el móvil, veía que Sarah se lo estaba pasando genial, Roy pachuchete...
De repente, noto como tu pie rompe la bolsa y por un momento parezco una cascada inundando todo mi alrededor.
"uy!!!" justo se iba una comadrona, la que sustituía a Sara porque habían cambiado de turno. "Pasa algo?" En ese momento se abrió un silencio, ya estabas muy cerca, tenia que asumirlo y afrontar este nuevo paso, ahora todo iría más rápido. Después de ése instante de reflexión, le dije que había roto aguas. Llamé corriendo al papa para que viniera. Enseguida vinieron los dos ginecólogos (el mío y el que me hizo mi cesárea) y me hicieron un tacto, pero esta vez hicieron una maniobra para acelerar aún más el parto, eso dolió, además fue sin previo aviso, cosa que no me gustó. En el momento del tacto fue gracioso cuando se percataron de los piececillos, "uy! Un pie! Otro pie! Juraría que hace un rato estaba de nalgas puras!" menos mal que aun y con esas no pusieron pegas.
A partir de ese momento, empezaron las contracciones a ser más serias. Serían las 11'30 horas.
Los médicos, en vista de la evolución, decidieron pasarme directamente a quirófano (a esa sala por si se terciaba hacían la cesárea).
Allí hacía frío, papá en la sala de espera porque me querían poner la epidural y él no podía estar. La cosa es que pasaba el rato, comadronas/es entrando y saliendo y mis contracciones iban en aumento. Se hicieron las 12 o 12 y algo y ahí  empezó el pico de dolor más alto. Yo veía que pronto iba a estar empujando. Cada contracción, respiraba hondo y soltaba el aire pronunciando la "A". Vino la anestesista a preparar la epidural, me hicieron un tacto y vi la cara de mi ginecólogo alucinado "está ya de 6 cm!". La de la epi, entre pitos y flautas casi me la pone cuando ya estaba el niño fuera (por mí perfecto). La cosa, es que esta mujer me cortó el rollo. "Jolín tengo miedo!" decía mientras me ponía la epidural ya sin esperar a las contracciones, no había tiempo. "miedo a qué? " me preguntó con tono seco, "a la epidural!! ". Se quedo con la cara a cuadros, casi todas la piden y yo no la quería, a todo esto, tenía a un comadrón delante mío sujetándome y tranquilizándome, realmente lo necesitaba y con lágrimas en mis ojos, le di las gracias (la epidural me tenía indignada). Acabó y cuando me tumbe, delante mío una estufita (mi comadrona, la que sustituía a Sara, me la encendió) y un reloj. Las 12 pasadísimas... "Tengo ganas de empujar!!!" sólo estaba mi  comadrona, que asustada salió corriendo y al venir me dijo que si podía evitarlo me esperase,  "si claro, ahora no empujo, ya lo haré cuando os vaya bien"... En vista de todo, empecé a empujar, no podía evitarlo mientras pedía que viniera papá.
Vinieron los ginecólogos, me miraron y ya se llenó la sala de comadronas, ginecólogos... Solo faltaba la de la limpieza que estaba detrás de la puerta. De repente me vi con las piernas arriba y todo un montón de personas delante mío como si yo fuera la pantalla del cine en una película en primer día de estreno. Menos mal que papi estaba a mi lado y me daba la mano, yo le mire y me sentí con fuerzas, ahora sí había llegado la hora, "cari... Lo voy a conseguir, lo vamos a conseguir..." le decía con la voz entrecortada, sentía miedo, pero estaba segura que lo iba a lograr, lo íbamos a hacer juntos, tú lo habías elegido así y yo te iba a acompañar, estaba convencida.
Lo mejor es que la epidural no me hacía efecto ni en los dedos de los pies, la anestesista me decía que empezaría en 20 minutos (yo por dentro me reía, tendré el parto como yo quería, si entro a la habitación con medio cuerpo dormida es lo que menos me importa, pero en ese momento iba a estar al 100 por 100 por el parto.
Empecé a sentir como tu cuerpo bajaba rápidamente, una gran presión que ejercía tu cuerpecito queriendo salir a conocer el mundo. Todo iba rapidísimo.
Primer empujón... Los piececitos asomaban... Papi lo veía todo, qué suerte, dice que tus deditos le parecían perlitas. Seguí empujando y fueron saliendo tus piernas, luego tu culete... Quedaste completamente colgando y "el gine de la cesárea " le dijo al mío que me estaba asistiendo el parto... "cógelo ya que se te va a caer!!!" éste médico es bastante sarcástico, su forma de actuar en el parto no me gustó y hubo un momento de tensión cuando me dijo que no chillara y yo le conteste que me dejara hacer lo que yo sintiera, que estaba siendo muy duro conmigo igual que cuando me puso una sonda para vaciarme la bufeta, lo hizo muy brusco, pero bueno no todo ha de ser perfecto supongo... A lo que iba, este parto no se puede intervenir salvo en el momento en que sale la cabecita, ahí sí que hay que hacer una maniobra para que no se quede encallada, se gira el cuerpecito junto la cabecita y con la contracción sale bien, y así fue. Vi tu cuerpecito boca abajo y sentí que perdía todas
 las fuerzas y un mareo se apoderaba de mí... "ay me estoy mareando..." "nooo!!! Ahora noooo!!!!" gritaron todos. Y no sé cómo mi mente no dejó que me pasara nada y empuje fuerte como si fuera lo último que iba a hacer y de repente te vi enterito, todo pringosete y guapísimo. Tenías moquetes normales en un recién nacido, acto seguido te los quitaron y directo encima mío, piel con piel, tal y como habías salido. De repente, volvió a haber un silencio, se paró el reloj, LO HABIA CONSEGUIDO, LO HABÍAMOS CONSEGUIDO. Todos los médicos nos felicitaban, aquello fue todo un espectáculo, nos dijeron que habíamos sido muy valientes y nosotros les agradecimos la oportunidad que nos habían dado. La mesita con los instrumentos para la cesárea quedó a un lado como si de un fantasma se tratara, yo me alejaba de él. Todo fue mágico y justo cuando naciste le daban el alta a Roy.
Naciste como tú quisiste, no cuando quisiste, pero estoy contenta de haberlo conseguido y que hayas vivido lo que todo bebé se merece, un nacimiento progresivo y lo mas naturalizado posible.
Miré a papá, él me miró y las palabras flotaban en el aire sin decirnos nada, aquella mañana fuimos un equipo. "Eres una campeona" me decía una y otra vez papi y creo que lo hemos sido los tres.



dunplanet


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