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NILDA Y SU NOBLE MISIÓN DE SER "PARTERA DEL PUEBLO"
8/1/2014

Lleva 48 años de servicio como obstétrica en distintos nosocomios y trajo al mundo a miles de sampedreños


SAN PEDRO (Corresponsal). La llegada de un niño al mundo representa el milagro de la vida, que requiere de un clima de afecto, atención emotiva y por sobre todo, calidad y garantía profesional, por parte de quienes tienen la alta misión de ayudar en este sublime acontecimiento que vive una mujer. Y 48 años de servicio efectivo, hablan de una labor en la que el trabajo, en su estricto concepto, dejó de serlo, para convertirlo en su vida, en su entrega, en su misión, en una vocación que trascendió las fronteras del tiempo.


 


Este año llegamos, como ya es tradicional, hasta la maternidad del hospital “Guillermo Páterson”, y con la sonrisa dibujada en su rostro y con la amabilidad de siempre, Nilda del Valle Ocampo nos salió al encuentro. Es conocida aquí en San Pedro de Jujuy, en La Mendieta y en La Esperanza como “la partera del pueblo”, y no es para menos, ya que desde hace 42 años, se ocupa de preparar a las mamás para que puedan dar a luz a sus hijos.


 


Pareciera que para ella los años no pasaran, o lo que es más importante ella demuestra que “no le pesan” para nada, partiendo del hecho que lleva ya 42 años de servicio como obstétrica en los diferentes nosocomios del departamento San Pedro y también en Calilegua, aunque ya antes de recibirse, realizó prácticas en la Maternidad La Merced de Tucumán, allá por el año 1966.


 


La tranquilidad que había en la Maternidad fue propicia para dialogar con Nilda y conocer más a fondo esa vida ofrendada al servicio de su noble profesión. Así con su relato nos transportó en el tiempo hasta detenernos en su provincia natal.


 


“Nací en Tucumán, trabajé seis años en la docencia con el título de Maestra Normal y como la remuneración no era buena y tenía problemas económicos familiares, decidí estudiar algo que me apasionaba, Obstétrica con titulo terciario a nivel nacional, que me habilitara para trabajar en todo el país. Tenía dos hijas y con mucho sacrificio cursé la carrera y me recibí. Realicé mi primer parto en 1966, cuando hacía las prácticas en la Maternidad Central del Hospital La Merced de San Miguel de Tucumán y me recibí en 1968. Trabajé en ese hospital donde se hacían 25 partos por día”, expresó Nilda.


 


Indicó que luego llegó a la provincia de Jujuy para afincarse definitivamente, y fue esta tierra que eligió para vivir a la que le entregó la fuerza y la dedicación de sus jóvenes.


 


Llegué a trabajar en el hospital de La Mendieta, luego, paralelamente, en el hospital de La Esperanza. Más tarde renuncié y trabajé en Calilegua en el departamento Ledesma, hasta que me titularizaron en el Hospital “Dr.Guillermo Cleland Páterson” de San Pedro, donde actualmente llevo cumplidos 25 años de servicio”.


 


En la vida de toda persona, siempre hay momentos, situaciones, que van marcando de alguna manera, el camino de su profesión. En ese sentido, Nilda relató que la experiencia más fuerte la vivió en los distintos lotes del Ingenio Río Grande cuando solía llegar a atender casos de urgencia. “Cuando trabajé en Calilegua llegué a un lote llamado Zora, ubicado muy lejos del pueblo. La mamá estaba en trabajo de parto y el bebé venía de nalgas. En esa época se tenía que hacer una operación. Puse a la madre atravesada en la cama y con mucho cuidado se realizó el parto. Salió todo bien a pesar de las dificultades y después llevamos al niño al hospital para su revisión. Es algo que nunca me voy a olvidar. En esa época no había médico de guardia que fuera ginecólogo. Antes nosotras hacíamos todo, la extracción de placenta y otras patologías que gracias a Dios pude realizar correctamente”.


 


Hoy, Nilda, la querida “partera del pueblo”, sigue recibiendo a bebés y al mirar hacia atrás y ver un camino recorrido a conciencia, poniendo amor en toda su labor, sólo tiene palabras de agradecimiento.


 


"Agradezco siempre a Dios que me guió a esta profesión. A las pacientes las trato bien, me pongo en lugar de ellas. Recuerdo que tengo hijas, nietas y bisnietas. Incluso cuando mis nietas van a tener a sus niños exigen mi presencia. Muchas veces me preguntan si sé la cantidad de bebés que traje al mundo y les contesto que nunca llevé las estadísticas. Por lo tanto no podría dar una cantidad ni siquiera aproximada. Muchas veces cuando se internan se sorprenden cuando ven que sigo trabajando, me reconocen como la partera que los trajo al mundo y ahora traen a sus esposas para tener sus hijos” comenta con mucho orgullo.


 


“Siempre les digo a mis compañeras y a las estudiantes que vienen a realizar las prácticas, que nunca deben esperar el agradecimiento, porque lo mejor está en lo más simple, como por ejemplo cuando te reconocen en la calle y te saludan y recuerdan que los trajiste al mundo. Para mí esa es la mayor satisfacción que recibo" dijo con emoción.


 


“Trabajé toda mi vida y no me quiero jubilar. Me siento bien trabajando, se que aún puedo y me queda mucho por dar. A las parteras futuras que se decidan por esta noble profesión, les digo que cuando estén trabajando, recuerden siempre que deben dejar todo problema afuera, que en el lugar de trabajo deben pensar positivamente y ponerse mentalmente en el lugar de la paciente que llega a vivir la maravillosa experiencia de ser madre. Trato de inculcarles eso a las estudiantes que viene a capacitarse “ finalizó.


A pesar de los años, Nilda del Valle Ocampo, continúa ofrendando su tiempo en la maternidad del Páterson. Esa mujer que camina silenciosa entre las pasillos es sin lugar a dudas, un ejemplo de vida.


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